I PARTE:Reflexiones
sobre cómo se ensaya en un organismo profesional
Hace unas semanas tuve el gusto de participar como invitado
en un programa de Radio Nacional Argentina. El conductor
de esta audición es, casualmente, un antiguo suscriptor
del boletín: el luthier Leopoldo Pérez Robledo.
En la entrevista (que duró una hora) se dio una charla
muy amena, con preguntas sobre mi carrera, música
en general, y también se pasaron al aire algunas
grabaciones mías como clarinetista.
En determinado momento del reportaje, conté que entre
los años 1985 y 1989 había integrado la Orquesta
Juvenil de esa emisora (Radio
Nacional), cuando sus directores eran Ljerko Spiller
y Carlos Calleja. Fue una gran experiencia de aprendizaje
musical puesto que la orquesta trabajaba muy bien, a un
ritmo casi profesional, con muchos conciertos (siempre a
sala llena), repertorio diferente cada dos semanas, con
directores y solistas invitados, etc. Ah... además
Radio Nacional pagaba a los músicos (!!) una mensualidad
bastante respetable, que nos alcanzaba por ejemplo para
solventar nuestras clases y mantener los instrumentos. Es
decir, era una orquesta juvenil rentada y muy prestigiosa,
a la que muchísimos aspiraban ingresar (yo lo logré
después de varios intentos).
Mientras tocaba en esa orquesta me convocaron como músico
contratado en una orquesta profesional
de las más importantes del país, durante unas
pocas semanas. Obviamente, esta orquesta sonaba
mejor (había instrumentistas de alto nivel)
que la otra, pero me llamaba mucho la atención que,
a pesar de estar integrada por adultos, éstos eran
más indisciplinados...
¡trabajábamos mucho mejor en la Orquesta Juvenil!
Esto ocurrió hace como 15 años, ahora trabajo
en otro organismo sinfónico
pero lamentablemente tengo la misma sensación; añoro
la concentración, calidad del trabajo, y aprovechamiento
del tiempo que teníamos en la orquesta juvenil.
El tema es complejo de analizar, pero yendo a lo más
evidente, ¿saben qué es lo que MÁS
extraño de los ensayos de la orquesta juvenil?
: que cuando el director detenía a la orquesta para
dar alguna indicación, ¡¡había
silencio!!
La música es hermosa surgiendo del silencio, pienso
yo.
En cambio, en nuestros ensayos actuales hay un ruido constante
proveniente de músicos que hablan, o que siguen tocando
una vez que el director paró. Ah... y algo muy importante:
la presencia constante de "chistes", "comentarios
graciosos", "ocurrencias", "juegos de
palabras risueños", por parte de los músicos
a lo largo de TODO el tiempo de ensayo, y "festejados"
con estruendosas risas por casi todos los músicos
que se sientan cerca del "gracioso" en cuestión.
Menos el director, claro, en el caso de que sea un director
que quiera trabajar bien.
¿El resultado? Tensión constante entre
director y músicos, deficiente preparación
para los conciertos, desmotivación y mala calidad
de vida (stress) durante los ensayos, especialmente para
los que quieren trabajar mejor. Trabajar como músico
puede ser algo maravilloso, pero muchas veces resulta casi
enfermante.
Por supuesto que todo esto surge de mi observación
(subjetiva), y ocurre en el ámbito musical profesional
de mi ciudad, Buenos Aires.
II
Parte : Cómo se Ensaya en un Organismo Profesional "¡Silencio, por favor!"
En la sección "Hablemos de Música"
acostumbramos comentar y debatir temas relativos al trabajo
específico de nosotros los músicos. Justamente,
en la columna del número anterior (que
pueden consultar cliqueando aquí) escribí
algunas cosas que he observado y observo actualmente en
los ensayos de las orquestas en las que participé.
Hubo unos cuantos músicos que se sintieron "movilizados"
(¡esa era mi intención!) y enviaron sus opiniones
al respecto. Aquí hago una selección de dichos
aportes, ¡ah! ... y entre ellos intercalaré
mis propios comentarios.
Este tema (el ruido y la indisciplina de los músicos
durante los ensayos) es como para analizar en profundidad,
y además no se trata de un solo tema sino
de varios relacionados.
Casi todos los comentarios que nos fueron enviados contenían
básicamente expresiones como : "¡es verdad!",
"¡tienen razón!", "¡en
mi orquesta (o coro) pasa lo mismo!". Comienzo transcribiéndoles
algunos...
>> Dice Ingrid Feniger
: Tengo 18 años y formo parte de la Banda Infanto
Juvenil de Olavarría (Provincia de Bs. As.) y la
Banda Mayor Municipal de esta ciudad. Lo que me pasa es
muy parecido. Cuando tuve la oportunidad de entrar en la
banda de "grandes" no podía entender por
qué hablaban, hacían chistes, y tocaban mientras
el director nos daba una indicacion. Llegué a la
conclusión de que en la Banda Juvenil las ganas de
aprender eran mayores. Si bien recibimos una beca muy pequeña,
nadie va allí por el sueldo. En cambio, en la Banda
Mayor no sucede esto y por eso la constante desconcentración,
que podría llamarse también falta de compromiso
y de profesionalismo.
>> Dice Mario Gamboa (Banda
Nacional de Heredia, Costa Rica) : entre un grupo de músicos
en Costa Rica leímos con interés el artículo
sobre los ensayos, y nos permitió darnos cuenta de
que el mal que padecemos aquí es compartido en otros
escenarios. Esto NO nos tranquiliza y más bien nos
mueve a pensar en alternativas para resolver este terrible
mal, cuyas consecuencias son muy bien definidas: stress,
desmotivación, enfermedades, etc.
>> Dice Valeria Paolino :
Soy cantante, desde el año 1982 intento desarrollar
el arte de afinar, interpretar, ensamblar y disfrutar la
actividad vocal... todo en un mismo ensayo; y si bien considero
que el "disfrute" es necesario durante un trabajo
en el que se comparten horas, exigencias, objetivos en común
y notas musicales, reconozco que en ciertas circunstancias
el humor resulta un factor de distracción. En mi
caso particular hace 18 años que conozco a tres de
los músicos que integran el sexteto al cual pertenezco,
lo que me ha enseñado a tratar de hacer que el momento
del chiste o la risa esté (al igual que la música
que interpretamos), en el mismo compás. Creo que
la actividad musical es en sí un hecho placentero
para quienes la practicamos, y el buen humor -en el momento
justo- es un condimento interesante, que, al igual que el
género que cada músico interpreta, delínea
parte de la identidad del grupo.
>> Dice José Aguirre Oliva
(Colombia): casualmente estoy dirigiendo en estos momentos
la Orquesta Sinfónica Infantil (niños entre
8 y 15 años) y la Banda Sinfónica de Nariño,
con músicos profesionales. Pienso y he tenido la
experiencia personal como ustedes la sustentan. Los músicos
jóvenes son muy receptivos y esperan en cada ensayo
aprender algo de su director, en cambio creo que los músicos
"profesionales" piensan que ya todo lo saben y
que la persona que está parada en el podio es un
idiota que no les aporta nada. Esta apreciación de
ustedes es como si la hubiera escrito yo mismo.
>> Dice Santiago Barrios Arnejo
: Gabriel, al leer tu comentario acerca de tu experiencia
en distintas orquestas me sentí identificado en varios
puntos, si bien mi experiencia es mucho menor. Lo que sí
me sorprendió es el hecho de que eso ocurra en una
orquesta profesional, ya que yo integro un organismo estudiantil.
De cualquier manera, todos esos vicios de parte de algunos
integrantes que comentás los veo y padezco en cada
ensayo. Creo que no es mucho lo que podría agregar.
Puedo mencionar la odisea que constituye afinar (al principio
del ensayo): el concertino se dirige por orden a cada fila,
pero a cada momento tiene que estar pidiendo silencio a
los que ya afinaron o a los que aún no lo hicieron,
ya sea porque están hablando o preludiando. O que
algunos integrantes de la fila estén hablando y riéndose
con otro mientras el director espera con la batuta en alto
para comenzar. Lo peor de todo es que estas y otras cuestiones
ya fueron habladas infinidad de veces, pero se repiten una
y otra vez. Esto hace que lo que debiera ser una experiencia
de aprendizaje se convierta en algo sumamente desgastante.
>> Dice Aparicio Alfaro
: Estimado Gabriel: tenés toda la razón del
mundo. En lo personal (yo soy pianista, y estudio dirección
desde hace unos años) he encontrado que en el único
ámbito en el que los ensayos son serios y estimulantes
es en el de los pequeños ensambles (yo mismo estoy,
junto a otros jóvenes músicos de la ciudad
de Santa Fe, en el recientemente formado AUSUM Ensamble,
dedicado a música contemporánea), pero lo
que es las orquestas, me resultan súper desmotivadoras
por esa idiosincracia de transformar los ensayos en algo
tan trabajoso debido al constante barullo. ¡¡Y
los "graciosos" son lo peor que hay!!
N.del E: todas estas opiniones son muy claras...
Habría muchas cosas para comentar, pero por ahora
prefiero no interrumpir el flujo de los mensajes.
>> Dice Eduardo Ferreyra :
Estimado Gabriel: toco guitarra clásica y arreglo
música para dicho instrumento. Opino que no sos "un
extraterrestre" por querer un poco de orden para los
ensayos con la orquesta..., al contrario. Pero también
debemos tener en cuenta el actual estado de cosas en Argentina,
que ya viene de larga data. Imaginate que a gente de mayor
edad, que ya está harta de toda esta historia y perdió
el entusiasmo de su juventud, le es más fácil
entregarse a una especie de trabajo superficial, impregnado
de vulgaridades casi adolescentes, para olvidar la decadencia
general de la cultura argentina.
A pesar de mi edad (35), puedo hacer este análisis
retrospectivo de una situación difícil de
remontar desde nuestro pequeño lugar de músicos.
¡¡En fin..., que entiendo tu angustia y tu impotencia
al tratar diariamente con gente tan infantil!!
N. del E: bueno, aquí sí quiero hacer
un comentario con toda humildad pero a la vez sin rodeos.
Eduardo, entiendo lo que dices, pero yo prefiero ver las
cosas con otra óptica. En general, cuando se habla
de "cómo está el país" o
"la cultura" parece que se los viera como algo
"externo", fuera de nosotros. En cambio, yo pienso
que el país y la cultura somos nosotros mismos.
La sociedad, las instituciones, etc., son conceptos
compuestos por personas, y nosotros (músicos,
en este caso) somos personas que formamos parte de la sociedad
y determinamos la calidad de la misma. Prefiero pensar
que somos protagonistas y no víctimas.
Porque si nos colocamos en posición de víctimas
(una posición de debilidad y resentimiento), entonces
seguro que no podremos hacer nada para mejorar,
ya que "el problema" estaría "afuera".
Por supuesto, luego hay que saber cómo mejorar, pero
para poder cambiar, primero tenemos que considerarnos
parte activa del asunto.
>> Dice Mauro
(saxofonista de Córdoba - Argentina) : el problema
del ruido se arreglaría si los puestos no fueran de
por vida. Muchos "se duermen" una vez que ganaron
la vacante y piensan: "ya está, me salvé
como músico". Si el cargo se tuviera que ratificar
concursando cada dos años, te aseguro que no habría
ni la cuarta parte del ruido que nos impide concentrarnos.
Pero para eso habría que cambiar el sistema...
N. de. E: Como
dije al principio, cuando nos ponemos a hablar de este tema
seguramente surgen otros nuevos; en este caso el de los cargos
vitalicios en los organismos. Sí, pienso -como
Marcos- que es un serio problema que los cargos sean "de
por vida" (como donde yo toco), y que sería deseable
que se instrumente algún tipo de evaluación
regular del rendimiento de cada uno de nosotros.
El objetivo de este mecanismo no sería "despedir
a los malos", sino hacer que los músicos nos
esforzemos en mejorar, elevando el nivel de nuestraOrquesta (o Coro, etc.) y así ofrecer mejores
conciertos para el disfrute de nuestro público.
¡Muchas veces los músicos nos olvidamos de que
nuestros "principales clientes" son los oyentes!
Ante la ausencia de este mecanismo, hay muchísimos
músicos que tienen un nivel pésimo, que decae
año tras año pero tienen derecho a permanecer
en su cargo aunque no realicen la tarea que se les asignó,
con la idoneidad necesaria.
Para finalizar, les transcribo dos últimos aportes.
>> Dice Marcos Durán
: vivo en San Carlos de Bariloche (Río Negro), integro
el Coro Polifónico y Orquesta juntamente, y la verdad
es que tenemos un excelente director. ¿Pero saben
qué? De los 130 integrantes el 20% está concentrado,
pero el resto es una vida completa de viento en popa, parecieran
que están en una hinchada de chistes, charlas de
las habidas y por haber. ¡¡Qué lamentable!!,
¿¿no?? Me acuerdo en épocas anteriores
cuando en un director decía "a", todo el
mundo se callaba, y vaya uno a tomarle el pelo. Pero bueno,
después se ven los frutos, la obra salió desafinada,
con mucho stress, nerviosismo. Yo creo que el remedio para
esto es muy barato, bastaría solamente despedirlos
y que queden 30 o 40 pero de calidad.
>> Dice Xabier de Arza
: Hola Gabriel: soy Xabier de Arza y compartí con
vos, como violoncellista, aquellos tiempos de la Juvenil
de Radio Nacional. Creo que una orquesta, un coro, son en
definitiva una sociedad en pequeño y nuestra manera
de ser queda patéticamente expuesta en la indisciplinada
forma de trabajar de nuestros conjuntos. Escuchar a los
otros, respetar sus tiempos; comprometerse con un proyecto
común aportando nuestra parte ejecutada con profesional
responsabilidad, valorar las grandes obras y compositores
y favorecer el crecimiento y desarrollo de los nuestros;
aceptar las indicaciones de quien esté al frente
sin boicotearlo, conscientes de que uniendo fuerzas y voluntades
llegaremos a puerto, en vez de naufragar en medio de luchas
estériles; sólo así estaremos preparados
para llegar bien lejos cuando aparezca el gran maestro que
nos guíe a un futuro mejor.
III
Parte : Cómo se Ensaya en un Organismo Profesional "¡Silencio, por favor!"
Continuamos el encendido debate comenzado hace dos números.
Por si quieren consultar las columnas anteriores : ver la I Parte // ver la II
Parte
Hoy les transcribo un
comentario extremadamente interesante enviado por Efraín
Guigui. Para quienes no lo conozcan, el Mtro. Guigui, argentino
radicado en EEUU, posee una extensa y destacadísima
trayectoria como clarinetista y director de orquesta (hemos
subido a la web una breve biografía suya, que pueden
ver cliqueando aquí).
Dice el Mtro. Efraín Guigui
:
"Leyendo las notas publicadas en Claves Musicales
surgieron las imágenes superpuestas de toda mi carrera,
tanto de clarinetista como de director. Y reverberaron algunas
fibras acumuladas a través de los años, surgiendo
también la inevitable pregunta:
¿A qué se debe la actitud jocosamente irrespetuosa
de algunos músicos de Orquestas Sinfónicas?
¿Al hecho de que gozan de completa seguridad en sus
puestos? ¿O porque a veces tienen que lidiar con
directores que no dominan completamente su oficio?
Mi experiencia como clarinetista, que empezó como
miembro fundador de la Sinfónica Municipal de Bs.
As., (hoy la Filarmónica) y que culminó tocando
en la Filarmónica de Nueva York, parece indicar
que se debe a ambos factores.
Aunque la intensidad del comportamiento era mucho menor,
uno no debe dejar de mencionar que incluso la Filarmónica
de Nueva York había ganado en esos tiempos el dudoso
prestigioso de ser una orquesta difícil. Zubin Mehta,
después de su primera experiencia dirigiéndola,
declaró "si tienes un director enemigo, invítalo
a dirigir la Filarmónica de Nueva York".
Yo mismo noté la diferencia en la disciplina y seriedad
que mantenían cuando tocábamos con Bernstein
y el cambio que se producía con directores de menor
cuantía. Hasta recuerdo cómo me molestaban
las preguntas capciosas, casi irrespetuosas, de algunos
miembros de la sección de metales. ¿El director
invitado? ¡El compositor Aaron Copland!
Volviendo al principio, yo también (como Gabriel
Blasberg) me inicié en la Orquesta Juvenil. Pero
era la de Radio El Mundo y la dirigía el compositor
Luis Gianneo. Y efectivamente, al parar la orquesta, todo
el mundo escuchaba atentamente las indicaciones del Director,
nadie hablaba ni seguía tocando. (Los contratos eran
por unos meses solamente, es decir que no había
ninguna seguridad en el puesto)
Luego ingresé a la Sinfónica Municipal de
Bs. As., al fundarse. Su primer director, Lamberto Baldi,
era un excelente músico especializado en el entrenamiento
de orquestas. Infundía un respeto natural. Disciplinó
a la orquesta a no seguir tocando y a no hablar cuando él
paraba para dar instrucciones. Cabe notar que se logró
esta disciplina a pesar de que los puestos gozaban de toda
la seguridad acordada a los empleados municipales.
Después de Baldi, tocamos con directores visitantes
como Furtwangler, Karajan, Clemens Krauss, y otros de esa
talla. Y recuerdo que la primera vez que tocamos el 4°
Concierto de piano de Beethoven, el solista era Walter Gieseking,
y luego el Concierto de Violín de Mendelssohn con
Yehudi Menuhim. La orquesta había desarrollado tremenda
disciplina y una dedicación que rayaba en devoción.
Ya para entonces todos nos habíamos "puesto
la camiseta". Estábamos orgullosos de "nuestra"
orquesta.
Pero en completo contraste, el comportamiento de la orquesta
solía cambiar con los directores locales o visitantes
de menor cuantía, quienes no teniendo mucho que
ofrecer en materia de interpretación, trataban de
imponerse a los gritos.
Pero a veces también la Orquesta abusaba de músicos
notables como Teodoro Fuchs. Sus maneras un poco "chaplinescas"
causaban gracia a los muchachos. Pasaban el ensayo haciéndole
"sanatas" (preguntas con palabras ininteligibles).
Parecería que Gabriel Blasberg estuviera describiendo
algunos de esos ensayos.
En cambio, en la Orquesta de Radio del Estado fundada y
dirigida por Bruno Bandini se mantenía la seriedad
y la disciplina. Allí los contratos eran solamente
por la temporada, que duraba unos pocos meses. De vez
en cuando teníamos directores invitados como Antal
Dorati, Fabián Sevitsky, De Foe y otros también
famosos. Pero cuando venía un director cuyos conocimientos
no justificaban su fama, como Swoboda, empezaban las
preguntas "capciosas" que deterioraban el ambiente
de trabajo. Y fue mucho peor cuando vino Szenkar, el
hermano del famoso teórico musical quien radicaba
en Buenos Aires. En el Scherzo de la Sexta de Beethoven
ofreció marcar "dos compases por nada"
para que supiéramos el "tempo". Pero al
no funcionar, "los vivos" empezaron a sugerir
más compases y llegó a marcar hasta doce compases
"por nada" Recuerdo que ya para el ensayo
general se desesperó tanto que se sentó en
el "podium" sumergiendo su rostro entre las manos.
Debo hacer notar que este comportamiento de bromas irrespetuosas
sólo se debía (y siempre se debe) a
un grupo pequeño de músicos, aunque se vuelven
cómplices muchos otros al festejarlo.
Siempre hubo un grupo de músicos (especialmente
las primeras sillas de la cuerda y de la familia de las
maderas) que no solamente no lo festejábamos sino
a quienes nos molestaba, de la misma manera que lo menciona
Gabriel Blasberg. Por ejemplo, el eximio oboísta
Alfredo Perona que lograba "hacer cantar cada nota"
se compadecía diciendo: "No es justo, somos
TANTOS contra uno (el Director)".
En mis primeras experiencias dirigiendo en Nueva York (conjuntos
de música contemporánea) la disciplina
y la seriedad de los músicos era impresionante.
Desafortunadamente, cuando regresé a Buenos Aires
a dirigir uno de esos programas me topé con esa
misma actitud irrespetuosa (aunque de unos pocos), que
lograron perturbar los ensayos con preguntas capciosas
con el consiguiente desperdicio del precioso y escaso
tiempo. Aunque en el concierto se pusieron serios, ya
era tarde.
(Ese mismo programa yo ya lo había dirigido en Nueva
York con músicos contratados. El contraste en disciplina
y seriedad y en el resultado final fue tal que, a pesar
de la aprobación de parte del público y de
la crítica argentina, esta experiencia me frustró
tanto que influyó crucialmente en mi decisión
de proseguir con mi vida profesional en el Norte. Y eso,
aunque angustiado, consciente de estar dejando atrás
una vida afectiva y social tremendamente rica, parientes,
amigos, colegas, el cafecito, el solcito "Mi Buenos
Aires querido"...)
Dejando la modestia a un lado, me permito mencionar una
experiencia reciente que podría confirmar la sospecha
de que a veces la autoridad musical puede lograr imponerse
y lograr un cambio en esa actitud.
En mi último viaje de Director visitante a Xalapa
(México) para dirigir la Orquesta Juvenil que yo
había fundado y entrenado hace unos pocos años,
tuve que amonestar (esta vez al grupo de metales) por pasarse
el tiempo hablando en el ensayo. Y tuve que insistir a toda
la orquesta que no siguiera tocando y que no hablen cuando
paraba para dar indicaciones. Agregué que "tal
vez, escuchando todos aprendamos algo". Felizmente
a esta orquesta Juvenil se le adjudican dos semanas de ensayo
para preparar un concierto. Y ya para la 2da. semana se
había logrado el ambiente de constante atención
y tensión necesario para lograr ensayos productivos.
Y eventualmente, al oír los comentarios de algunos
de las primeras sillas, todos músicos profesionales
importados, tuve la satisfacción de confirmar el
resultado de mi enfoque. El primer trompeta me comentó:
"Thank you for putting some fire in my butt. Actually
for doing it to everybody. We really needed it!"
("Gracias por meterme fuego en el trasero. Y por hacerles
lo mismo a todos. ¡Realmente lo necesitábamos!").
Y del primer clarinete: "Thank you, we learned so much
in those two weeks" ('Gracias, hemos aprendido mucho
en esas dos semanas."). Y del Asistente del violín
concertino: "Gracias Maestro, aprendí cómo
hacer la diferencia de una corchea a una blanca en un pizzicato."
Cabe notar que estos eran al principio los músicos
más distraídos y que más distraían
La conclusión final queda abierta; a qué se
debe realmente el comportamiento de las orquestas que describe
Gabriel Blasberg y si hay alguna esperanza de mejorar esa
actitud irrespetuosa, no profesional, cuyas víctimas
no son solamente el compositor, el director y el colega
serio, sino también aquel para quien al fin y al
cabo ejercemos este eximio Arte: el anónimo oyente."
IV
Parte : Cómo se Ensaya en un Organismo Profesional "¡Silencio, por favor!"
Continuamos el encendido debate comenzado hace tres números.
Muchos músicos que leen el boletín nos han
comentado lo positivo que es hablar de estos temas, cosa
que nos alegra enormemente. Desde Claves Musicales queremos
hacer un aporte para mejorar la calidad artística
y humana de nuestra profesión de músicos,
y sabemos que en esta sección tratamos asuntos de
los que no se suele hablar abiertamente, y menos que menos
publicar en un medio de comunicación.
En el último número (parte
III) publicamos el interesantísimo relato del
Mtro. Efraín Guigui. Si no lo leyeron háganlo,
no se lo pierdan. A continuación les transcribo una
frase de Efraín para luego decir algunas cosas.
(...) ¿A
qué se debe la actitud jocosamente irrespetuosa de
algunos músicos de Orquestas Sinfónicas?
¿Al hecho de que gozan de completa seguridad en sus
puestos? ¿O porque a veces tienen que lidiar con directores
que no dominan completamente su oficio? Mi experiencia como
clarinetista, que empezó como miembro fundador de la
Sinfónica Municipal de Bs. As., (hoy la Filarmónica)
y que culminó tocando en la Filarmónica de Nueva
York, parece indicar que se debe a ambos factores (...)
N.
del E: Coincido plenamente con el Mtro. Guigui en que
esos DOS son los principales factores, aunque también
hay otros. Cuando el director de turno es una persona
sin suficientes conocimientos musicales o no estudió
adecuadamente la partitura de las obras que va a dirigir,
estamos ante un serio problema. Llegar a ser un buen Director
es algo que requiere muchísimo estudio, una enorme
preparación en unas cuantas materias musicales (y también
extramusicales). En una orquesta (o coro, etc.) el Director
es, entre otras cosas, la persona que conduce minuto a minuto
el trabajo en los ensayos y en el concierto, es quien propone
a los músicos -verbalmente o gestualmente- cómo
deben tocar, en base a su personal visión de la obra.
En resumen, la naturaleza del trabajo de director obliga a
que éste sea un músico extremadamente bien preparado.
Entonces, cuando una orquesta está en manos de un conductor
con una deficiente preparación musical, los músicos
se sienten defraudados, desmotivados e impotentes : saben
que no pueden tocar mejor PORQUE está dirigiendo alguien
no idóneo.
Por más que la orquesta cuente con excelentes instrumentistas,
un mal director representa una limitación
absoluta, una barrera infranqueable a la calidad de la interpretación.
Y entonces los músicos, lógicamente, le pierden
el respeto por su falta de autoridad profesional. Hago la
penosa aclaración de que a la vez hay muchos músicos
que no perciben la diferencia entre un director excelente
y otro pésimo (o una obra musical magnífica
y otra mediocre). Pero ese es otro tema y no quiero desviarme.
Una anécdota personal : una vez estábamos ensayando
con un mal director, que además ni se inmutaba ante
las charlas constantes de los músicos. En un momento
que trabajábamos un pasaje de suave sonoridad, dijo
a los músicos, algo enojado : "¡No
hablen durante los pianissimos!" ¡Increíble!
Es como si un padre dijera : "¿Cuántas
veces tengo que decirles, hijos míos, que no deben
pegarles a las ancianas?"
El otro tema es que muchos músicos se aprovechan
de que sus puestos son vitalicios, y que no se suele supervisar
su comportamiento, al menos en mi país. Un ejemplo
concreto de donde yo trabajo se da en el incumplimiento del
horario de ensayo : reglamentariamente tenemos un intervalo
de media hora, pero siempre hay músicos que
vuelven a la sala más tarde. Jamás estamos
todos para el comienzo de la 2da. parte. Y los músicos
que prolongan el intervalo (en el café o paseando por
ahí) no son dos o tres, ¡sino decenas o la mitad
del organismo! *Nota : aclaro que esto mismo pasa con algunos
de los Directores (!!) invitados, que permanecen en el café
largos minutos durante el horario de ensayo establecido.
Deberíamos recomenzar a trabajar a las 11:15 AM, pero
nunca lo hacemos antes de las 11.30 o más tarde todavía.
Y aún retomando el ensayo con quince minutos de retraso,
hay músicos que entran a la sala más tarde,
pasando delante de todos mientras tocamos. Esto no es una
excepción sino que nos ocurre cotidianamente, como
algo normal. Tampoco nunca estamos listos a las 9.30 AM, comienzo
del ensayo. ¿Qué excusa tenemos los músicos
profesionales para comportarnos así? Ninguna en absoluto.
También, ¿qué excusa tenemos para "tocar
mal a propósito" en los ensayos, estropeando lo
que el resto está queriendo hacer bien? Sin entrar
en detalles (puedo dar ejemplos), éstas y otras situaciones
me avergüenzan.
Como dije en una edición anterior, pienso que por el
bien de todos debería haber algún tipo de sanción,
concreta y palpable, cuando los músicos profesionales
no cumplimos con nuestra obligaciones laborales o incurrimos
en faltas de conducta. ¡Tal como pasaría en cualquier
otro trabajo de los "normales"!
"Soy Licenciada en Música, en Educación,
tengo 38 años y soy de Venezuela. Sobre el debate
planteado con respecto al silencio en los ensayos, y más
que al silencio pienso que nos referimos a la entrega concentrada
en la actividad, me parece que es más bien cuestión
de falta de autoridad. En el hogar los jóvenes contestan
a sus padres, en la escuela el maestro no consigue forma
de reprender las malas conductas o faltas de respeto de
sus alumnos porque la ley le viene encima, en la iglesia
la gente entra vestida cual si fuera una fiesta. Hago mención
de los tres importantes centros de enseñanza que
es el hogar, la escuela y la iglesia... porque me parece
que es cuestión de valores.
El mínimo porcentaje de gente comprometida a su actividad
musical, valora en términos de calidad, tiempo y
esfuerzo su trabajo. Se desgasta, como bien dijeron otros,
en esperar que los demás sientan igual que ellos.
El Director se queda amarrado de manos sin poder solicitar
"a la fuerza" el silencio que ansía porque
si no es catalogado de ogro, autoritario, huraño,
gritón... en fin... ¿Dónde está
la autoridad bien entendida?, ¿el respeto por el
trabajo en grupo?, ¿¿el valor del silencio??
Yo llamo a ese espacio "silencio marco",
y enseño a los niños que antes y después
de una interpretación debe necesariamente existir
el silencio, como un lienzo en blanco para el pintor, o
un plato limpio y reluciente para una deliciosa comida,
o la faz limpia de un rostro para el maquillaje... en fin...
hago parangón con cosas que ellos entienden.
Un chiste, una charada, un comentario, alegre, dicharachero,
es soportable, cómplice... Pero de allí a
reventar al director en incomodidades por faltas de respeto
y mal gusto, me parece que es rebeldía, falta de
conciencia, falta de seriedad. Desdice de la calidad de
persona que es un profesional de la cultura (musical, en
este caso).
Este tipo de debate, tan interesante, nos hace pensar en
lo que estamos formando. ¿¿Por qué
cuando somos jóvenes nos dejamos guiar, pero
cuando llegamos a adultos pensamos que tenemos a Dios agarrado
por las barbas?? Hace poco, tuve un problema en mi coro
de niños, precisamente con algo parecido. Necesitaba
"presionar" en el buen sentido de la palabra,
porque estaba montando un repertorio que requería
cierta interpretación que mis niños no me
daban, en fin...una niña se levantó y me dijo
que ella antes se dejaba manipular... (estoy hablando de
una niña de 11 años) pero ahora no, porque
ella era madura... que yo era una persona demasiadoexigente y que ya la tenía harta de tanta
corrección... ¿Se imaginan?....lloré
como nadie luego. Y pensé "qué villana
soy"..." Lisbeth Jaimes Ríos
Ahora veamos lo que dice Sofía
Cativa, una joven violinista de 15 años de
edad :
"Por primera vez me animo a escribir, les cuento que
soy pianista y violinista y que estoy en dos orquestas,
soy la concertino, y el problema de los ruidos y bochinches
siempre están presentes. A mí más que
nada me gustaría encontrar una respuesta a cómo
solucionar este problema, como concertino joven que soy
(15 años). Quisiera saber qué tipo de personalidad
tienen los concertinos profesionales, cómo lo encaran
ellos, cómo se sienten a la hora de afinar en una
orquesta con poca disciplina. Muchas gracias." Sofía
Cativa
V
Parte : Cómo se Ensaya en un Organismo Profesional "¡Silencio, maestros! ¡estamos ensayando!"
Continuamos el intenso debate comenzado hace cuatro números
sobre la indisciplina en los ensayos de los organismos profesionales.
Por si quieren consultar las notas anteriores : verI Parte // II Parte
// III Parte
// IV Parte
"Querido Gabriel:
como de costumbre, tu boletín guarda la calidad esperada,
o más... Leo las discusiones acerca de las bromas en
los ensayos, es un viejo, viejo tema. Conspirador contra el
verdadero generador de los "éxitos" musicales:
el trabajo de ensayo. Todo lo demás, oído, talento,
es casi accesorio y a todas luces insuficiente a la hora de
ofrecer una buena performance. Y tengo mil historias para
contar acerca de ésto, algun día lo haré..."
Daniel Faure
"¡Hola a todos!:
Me siento totalmente identificado con los comentarios de
los boletines anteriores, lo que me ocasiona cierto malestar
interno, ya que estamos aceptando una realidad dura. Yo
trabajo habitualmente con grupos amateurs, y estudio Educación
Musical en el Conservatorio Manuel de Falla (ya me falta
poco para recibirme). Habiendo participado de diferentes
agrupaciones, corales e instrumentales, me permito pensar
en voz alta, para intentar disparar ideas, que creo que
es algo muy productivo.
1°) El fin de un agrupación musical. Hay un punto
de quiebre, que muchas veces creo que es soslayado, el cual
es: una agrupación musical cumple una función
¿social, musical o ambas? En el caso de que cumpla
ambas, ¿en dónde se cargan las tintas, en
el rol social, o musical? En el caso de que una agrupación
cumpla una función deformadamente social, el ejemplo
típico sería, Fulanito desafina como un perro,
pero lo mantengo en el coro ... ¡porque tiene tan
buena onda! El ejemplo opuesto sería el director
con una actitud profesional exagerada, que pretende que
un grupo largamente establecido encare un obra fuera de
su alcance, lo que genera descontento y tensión.
Lo ideal sería una postura equilibrada, en la que
se contemplen las realidades de cada grupo en particular.
2°) El director. Si suceden estas situaciones, es porque
al director no le interesa cambiarlas. Si un director sinceramente
se propone cambiar la actitud de un grupo, lo va a lograr.
3°) En los comentarios anteriores se menciona la palabra
"cultura". No voy a tocar casos de países
hermanos, ya que desconozco la realidad de cada uno. Sí,
voy a mencionar lo que yo observo de la realidad argentina.
Aquí se tiene la cultura, un poco chauvinista, de
que "somos los mejores", "y éste que
viene de afuera, ¿qué nos va a enseñar",
"sí, la Filarmónica de Viena es mucho
más pulida que nosotros, pero la garra que nosotros
le ponemos a la interpretación ellos no la tienen"
(lo mismo sería, "Sí, muy lindo, pero
la interpretación es fría"), etc., etc.,
etc.. Algunas de estas posturas tienen ideas rescatables,
pero pienso que s muy fácil caer en la trampa. La
cuestión cultural nos sabotea muchas veces, y el
director tiene que saber generar el ambiente para que esto
no ocurra. Yo observé una vez, un ensayo de una agrupación
juvenil en Canadá, y en el ensayo no volaba ni una
mosca, literalmente. Y eso no significaba que los chicos
no tuvieran inquietudes, pero la mentalidad es que la hora
del ensayo es sagrada, al ensayo no se va a molestar, ya
que la gente invierte y dinero para que eso se lleve a cabo.
Comentando esto entre amigos, recibí la respuesta
de, "sí, lo que pasa es que acá eso nunca
lo vas a poder lograr, estamos en una cultura latina".
Yo digo, "por qué no? ? ¿Acaso las neuronas
de un chico en Argentina es de menor calidad que la de un
canadiense?.
4°) Compromiso. Say no more.
Ojalá que alcancemos el nivel cultural musical que
nuestras culturas nacionales necesitan. ¡Saludos a
todos!" Alejandro Beregovoy
Nota del Editor
:gracias
Alejandro por tu excelente aporte. Quiero dar mi opinión
sobre algunos de los puntos que has tocado.
- El fin de una agrupación musical :
No es lo mismo una agrupación profesional que otra
amateur. En una profesional se requiere que todos los músicos
sean idóneos, y no alcanza con la "buena onda".
- El director :
Concuerdo en que la firmeza del director es importantísima
para conseguir que los músicos presten atención,
pero por experiencia propia en organismos profesionales sé
que eso solo no alcanza. En el caso de una orquesta,
el director necesita indefectiblemente que colaboren con él
el concertino y los jefes de fila, quienes son en realidad
las "sub-autoridades" o "asistentes de dirección".
Asimismo, el director necesita la colaboración de los
delegados gremiales y de la "coordinación técnica"
del organismo para que haya una buena disciplina de trabajo.
En resumen : si la orquesta se quiere "portar mal"
y el director "está solo", entonces el problema
no tiene solución. Una cosa más : para que los
músicos de una orquesta profesional lo respeten, el
director debe estar sobradamente capacitado para estar en
el podio.
- La cultura :
Me parece magnífico tu planteo, esa cultura "patriotera",
orgullosa en el mal sentido, nos impide progresar. Admiro
la seriedad con la que se hace música en otras partes
del mundo.
"Opino que el tema excede el terreno de la música,
y por eso el comentario de la señora Lisbeth Jaimes
Ríos en el numero anterior da en la tecla (no sé
leer música así que ignoro cuál es
esa tecla, pero sé que suena muy bien). Sin ser simplista,
me parece que el respeto por los demás es idéntico
al respeto por uno mismo, y que los dos nacen de la educación.
Lisbeth acierta en señalar que es una cuestión
de valores que nuestros centros fundamentales de instrucción
han dejado de enseñar desde hace un tiempo. Comenzando,
desafortunadamente, con el hogar, y no corregidos por la
escuela, en resumidas cuentas, por nuestra sociedad. Lisbeth,
pido un 'aplauso silencioso' por tu maravillosa definición
del ''silencio marco'', que debe existir antes y después
de una interpretación musical. Cordialmente,"
Federico Bär
VI
Parte : Cómo se Ensaya en un Organismo Profesional "¡Silencio, maestros! ¡estamos ensayando!"
Continuamos el debate iniciado hace cinco números
sobre la indisciplina en los ensayos de los organismos profesionales.
Por si quieren consultar las notas anteriores : verI Parte // II Parte
// III Parte
// IV Parte // V
Parte
"Por favor Maestro, déle mis gracias al Maestro
Federico Bär por su 'aplauso silencioso' en el número
anterior... ojalá pudiera comunicarme directamente
vía email con él para intercambiar ideas y
charlar... Sigue interesante la evaluación de la
situación en la revista... y se desglosan otras,
también oportunas e interesantes... Yo sigo pensando
que todo proviene de que no sólo se debe ser músico,
también hay que ser pedagogo, tener una fibra que
a veces no todos tenemos. La Dirección de Orquesta...
vaya, es una profesión tan compleja... todo es un
engranaje, pero quien lleva la autoridad darse darse a respetar...
En fin, lo primordial de este email es mi agradecimiento
a tan lindo comentario sobre mí. Besos." Lisbeth
Jaimes Ríos (educadora musical, Venezuela)
"Estimado Gabriel: te digo, con toda modestia, que
soy uno de aquellos músicos disciplinados, que estudia
sus partes, se comporta durante los ensayos y respeta a
sus compañeros (por medio de la camaradería,
por ejemplo). En las orquestas en que estoy la situación
es tal cual la describiste vos, excepto en una, y sinceramente
me ponen loco esas conductas; además esa "actitud
profesional" traspasó de alguna manera a las
juveniles (por medio de los profesores, insertos en el medio
profesional por ejemplo), ni hablar de las orquestas profesionales;
son simplemente un caos." Javier
Mas (trompeta, Argentina)
"Hola qué
tal, soy de México y leyendo el comentario acerca de
la disciplina musical me interesé y me gustaría
compartir una frase de mi compositor favorito, Claude Debussy
: "Buscar la disciplina en la libertad".
Es vital, creo yo, que un músico sea ya profesional
o pretenda serlo, se marque sus propios límites, se
discipline, se entregue, no es un director propiamente quien
determine su ensayo o la calidad o cantidad de tiempo, pero
creo que todo buen músico debe saber que en la disciplina
individual está el éxito, y no hablo de una
disciplina militarizada, creo que a más de uno nos
ha pasado que comenzamos a ensayar a determinada hora y cuando
menos nos acordamos ya pasaron tres horas!!! Creo que la disciplina
se va dando en base a la necesidad de hacer Música.
Saludos." Adriana Agüero
(violín, México)
"Participo de una orquesta sinfónica en Corrientes,
en la que noto exactamente esa caracterización de
la que se habla en Claves Musicales. La verdad es que dicho
ambiente provoca stress y me hace sentir un poco incómoda,
sobre todo los tipos de "bromas" que en realidad
tratan de desprestigiar a los colegas. Lo peor de esta situación
es que a mí particularmente, que no estoy contratada
en dicho organismo y participo simplemente por el placer
de hacer música (aunque ésta sea deficiente
en su preparación), me provoca cierta decepción
debido a que estos músicos son justamente personas
adultas y se supone que deberían dar un ejemplo de
cómo se debe trabajar, en lugar de tomarnos a los
instrumentistas colaboradores (que no cobramos) como al
centro de atención de las nuevas bromas." Isabela
Lemos (violín, Argentina)
"Concuerdo con Gabriel sobre la disciplina en los
conjuntos que hacen música. Yo canto en tres coros,
y en los tres la mayoría somos personas mayores (bastante
mayores, tercera edad, o algo así). Dos de ellos
son coros que tienen una trayectoria bastante extensa (12
años uno, 20 años otro). El tercero es de
muy reciente creación, y lo formamos docentes jubilados.
En éste la disciplina es excelente. Atención
al director, respeto, orden. En los otros dos sucede lo
que vos describís. No sé si eso es atribuible
a la antigüedad, o a que en el tercero todavía
no se ha tomado demasiada confianza, o quizá, como
alguien podría decir (en broma) que como en ése
somos todos docentes, estamos acostumbrados a portarnos
bien, como exigíamos a nuestros alumnos. Queda planteada
la duda." Ana Antelo
(cantante, Argentina)
VII Parte : Cómo
se Ensaya en un Organismo Profesional "¡Silencio, maestros! ¡estamos ensayando!"
Continuamos el debate iniciado hace seis números
sobre la indisciplina en los ensayos de los organismos profesionales.
Por si quieren consultar las notas anteriores : verI Parte // II Parte
// III Parte
// IV Parte // V
Parte // VI Parte
Comentario
de Raúl Neumann, cantante :
"He formado parte del Coro Estable del Teatro Colón
durante 26 años y veo que, a grandes rasgos, la situación
se puede describir con la frase de un ex-colega mío,
quien afirmaba que 'la Música es el arte de combinar
la guita y los horarios'.
Cuando se entra en un nivel de profesionalización
muy alto, se pierde a veces la perspectiva de lo bello que
es trabajar en arte, y queda, simplemente, trabajar. Así
entramos en discusiones bizantinas de si en el ensayo en
escena se canta o se "marca", si el ensayo pregeneral
de un concierto se canta de pie o sentado y otras chicanas
por el estilo. Y todo avalado por directores que "negocian"
minutos de más en un ensayo a cambio de levantar
otro, etc.
Lejos estoy de pensar que en nombre del Arte todo vale,
pero las cosas tienen un límite, y no es precisamente
una actitud "gremialista" la que nos va a dar
el rumbo.
Una actitud firme por parte de los directores (de coro o
de orquesta) para que se le brinden las condiciones y los
medios necesarios para llevar sus interpretaciones al mayor
nivel posible, sin concesiones y sin arbitriaridades, es
el mejor seguro contra los "antimúsicos profesionales".
Pienso, sí, que si el músico profesional es
bien remunerado por su trabajo, no deberá dispersarse
en mil otras ocupaciones para "parar la olla"
y podrá concentrarse a pleno en su profesión.
Pienso también que el nivel de preparación
de directores y regisseurs debe ser muy alto. Recuerdo ensayos
en el escenario del Colón donde el coro debía
permanecer durante horas estático en el lugar, esperando
que al regisseur de turno le viniera la inspiración
divina para decidir qué se hacía. Recuerdo
también actuaciones como solista en las que el director
de orquesta de turno no daba pie (ni batuta) con bola, a
punto tal que algún músico de la orquesta
comentaba 'que haga lo que quiera, pero que nos deje
tocar...'
Creo que si el músico profesional que integra un
organismo tiene ante sí un director realmente capaz,
no va a bromear, va a dar lo mejor de sí para estar
a la altura, al menos esa es mi experiencia profesional.
Estas reflexiones son un poco extensas, pero el tema también
lo es..."
- Raúl Neumann
Comentario de Juan M Solare :
"La disciplina en la orquesta no se limita a las agrupaciones
profesionales (definamos como tales a las que viven de la
música). También en los grupos de aficionados
la disciplina es esencial y su ausencia es una mortal pérdida
de tiempo. Acaso en ESTE punto, la disciplina, no haya diferencia
grande entre grupos profesionales y aficionados. En otros
aspectos (como rendimiento estrictamente artístico,
afinación, etc) puede transigirse: no puede exigirse
el mismo nivel técnico a un profesional y a un melómano
(sería injusto con ambos). Pero en disciplina y compromiso
sí. En esto el director y los colegas deben ponerse
firmes porque de lo contrario se arriesga la existencia
misma del grupo, a la larga."
- Juan M. Solare