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Textos: La picapiedrización...
LA
PICAPIEDRIZACIÓN DE LOS SUPERSÓNICOS
(Incitación a revisar el
"organigrama" de los estratos musicales de hoy) |
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(Nota: El siguiente diálogo,
parcialmente basado en algunas entrevistas para distintos
medios de prensa, adolesce probablemente de vicios de enfoque,
debido a la falta de formación musicológica
del autor, pero intenta cuestionar, desde el lugar de la práctica
musical, algunas cosas que por "inercia" parecen
seguir dándose por sentadas acríticamente. Por
último, quiero aclarar que el único objetivo
de esto es promover la discusión y que las "acusaciones"
presentadas aquí contra las posturas explícitas
o implícitas de la música "contemporánea"
y las opiniones sobre el modo de supervivencia de la música
"clásica" no implican ninguna clase de cuestionamiento
de tipo personal a quienes fueron mis maestros, sin cuyas
desinteresadas enseñanzas jamás habría
podido hacer lo poco que hice en materia de música.)
Pregunta (o réplica, según los casos):
- ¿Cuáles son las principales deficiencias,
en tu opinión, del contenido de la enseñanza
en las instituciones formadoras en lo que se denomina música
"académica" o "culta" y cuáles
las de las de música "popular"? ¿Es
posible diseñar un programa que articule a ambas áreas
o que desestime la división?
Respuesta: - La cuestión consiste en que la música
"culta", en gran medida, dejó de existir
como tal (me refiero a lo que vagamente podría llamarse
su "función" en la sociedad). Entonces, la
formación que se le da a la gente que quiere ir por
ahí, es una formación "exterior",
una formación tendiente a recrear lo mejor posible
modelos consagrados, tanto de ejecución como de creación.
Por otra parte, una buena porción de la "función"
que antes desempeñaba la música "culta"
fue absorbida en las últimas décadas por el
jazz. Yo creo que si Franz Liszt reviviera y quisiera "aggiornarse"
en lo que pasó dentro de la música, tardaría
unas pocas horas en aprender y dominar las distintas propuestas
de la música "culta" del siglo XX, pero tendría
que pasarse varios años estudiando para entender lo
que toca Herbie Hancock (y no solamente en razón de
lo que en éste no viene de la música clásica
europea, sino incluso en lo que sí viene de ahí,
en la fagocitosis que el sistema tonal hizo de Debussy, Bartok,
el blues, etc). En contrapartida, con respecto a la enseñanza
de la música popular, creo que está demasiado
constreñida a las formas tonales, al punto que se implanta
ese esquema al tratamiento y aprendizaje de muchas músicas
que en su constitución básica son ajenas a eso.
Está totalmente generalizado en estos ámbitos
un sentido invertido de la armonía: una armonía
que no resulta de "armonizar" cosas que suceden
juntas, sino que se plantea como punto de partida; una cuadrícula
vacía pero que actúa obligando a las cosas a
armonizarse no entre sí, sino en relación a
ella, o sea en relación a nada. Y esto liquida al 99%
de los músicos que entran a aprender. En cuanto a lo
de articular ambas áreas, la culta y la popular...
No sé, supongo que estaría bien, pero en general,
cuando se emprenden cosas así, se entra en callejones
sin salida, a veces por culpa de palabras como "tango",
por ejemplo, o "rock". La mayor parte de lo que
actualmente se hace bajo el rótulo de "tango"
surge de una comprensión errónea de la relación
entre esa palabra y las cosas que se tocaban por estos lados
en la primera mitad del siglo XX. Es como si por llamarse
"Juan" un recién nacido, hubiera que llevarlo
a un cirujano plástico que le cambiara la cara para
parecerse a otro Juan más viejo, como si ése
se hubiese llamado así por tener esa cara, y no simplemente
por requisitos civiles. La herencia "real" de ese
Juan viejo no va a estar en ese otro recién nacido
operado, sino en sus propios hijos, que pueden tener otras
caras y otros nombres. Y en el caso de la música "culta"
creo que es todavía peor, porque es un rótulo
que ni siquiera existía en las épocas a las
que se les endilga su surgimiento como tal no en contraposición
a las otras músicas que hubiera en esas épocas,
sino en contraposición a las que hay ahora, que no
existían antes.
P: - ¿Antes no había música popular?
R: - Sí, claro, pero no existía la profusión
de géneros que hay ahora ni había sociedades
con clases medias tan numerosas y con tantas posibilidades
de cultivar diferentes géneros y de difundirlos y socializarlos
tan rápido.
P: - En el ámbito de la composición ¿la
división música culta / música popular
es conflictiva pero necesaria o es un obstáculo creativo?
R: - El modo en que la gente hoy en día se vincula
con los distintos tipos de música es muy diferente
al de épocas sin discos, walkmans, televisión,
etc. Una persona puede, en un trayecto de una cuadra, ser
atravesada por diecisiete músicas de lenguajes absolutamente
ajenos entre sí en sus orígenes (eso no significa
que todas le "digan", claro). Sin embargo, los músicos
que las tocan pueden en algunos casos ser los mismos, cosa
impensable en otras épocas. Esto tiene un alcance que
en general creo que no se alcanza a comprender, y es éste:
que lo que antes funcionaba como un lenguaje, ahora puede
ser sólo una "locución" propia de
un lenguaje más grande que se comió a todos
esos lenguajes (aunque sin digerirlos). De ahí que
muchos "géneros" o "estilos" musicales
se mantengan casi incambiados en las últimas décadas,
pese a que otras cosas de la música cambien tanto.
Es porque, por ejemplo, los tipos que están tocando
tangos, folclore o cumbia (o música "contemporánea"),
en su mayoría, no están tocando tangos, ni folclore
ni cumbia, sino que están diciendo "yo toco tangos",
"yo toco folclore", "yo toco música
contemporánea", etc, como locuciones propias de
un lenguaje que a algunos de ellos les permite usar otras
de esas locuciones (otros no las pueden usar como músicos,
pero sí como oyentes, como el caso de los músicos
"contemporáneos" que no saben tocar música
popular, pero la usan o la necesitan como compañía
cotidiana). Pero la conciencia de ese "superlenguaje"
(que es lo que realmente merecería, creo yo, llamarse
"música contemporánea") es escasa.
Se puede oír plenamente asumido, de todos modos, en
muchas manifestaciones musicales como Les Luthiers, o en Carl
Stalling (el que hacía las músicas de los dibujos
animados de la Warner), o en Scott Bradley (el que hacía
las de Tom & Jerry), por ejemplo. Volviendo a la pregunta,
yo no creo que la división música culta / música
popular sea un asunto propio de la música actual. Hay
diferentes lenguajes y ámbitos musicales, sí,
pero no están ordenados ni distribuidos de esa forma,
que es más bien una "superestructura" anacrónica
que algunos musicólogos y periodistas siguen sosteniendo
a falta de otra mejor. Yo creo que hoy en día el panorama
es mucho más complejo y no se deja atrapar por esa
clasificación. Sin duda algo de ella subsiste, pero
está "cruzado" y en conflicto con lo que
lleva el rótulo de "culto" o de "popular".
Yo pienso, por ejemplo, que muchas de las mejores obras de
música "culta" uruguaya de las últimas
décadas son de Daniel Viglietti, Jorge Lazaroff y Luis
Trochón, compositores clasificados como "populares".
Se puede objetar que esos trabajos son de música popular
porque se difundieron en medios y canales propios de la música
popular, pero si los géneros se definen de esa manera
vamos mal, todo queda en una cuestión de clubes. Tiene
que haber algunos rasgos estructurales, o funcionales, para
definir los géneros. También se podrá
objetar mi juicio diciendo que, por ejemplo, esas obras no
están escritas, mientras que la música "culta"
siempre se escribe. Yo respondería que la escritura
de la música "culta" no registra más
que una pequeña parte de lo que los ejecutantes saben
que deben tocar (y eso en la música "contemporánea"
está mucho más exacerbado; las nuevas grafías
de la música "contemporánea", en general,
son un "curro"), y que muchas cosas de la música
popular que supuestamente no están "escritas",
en realidad a veces lo están, y otras veces están
registradas como grabación de ayuda-memoria para el
compositor o para el intérprete. Lo que sucede es que
como los compositores de música "culta" (reconocida
como tal) en general son bastante sordos, necesitan la escritura
más que los otros. Pero existiendo la grabación,
muchos músicos, y más cuando son cosas para
un solo instrumento, usan o usaban eso como "escritura"
en lugar de escribir. (Esto sin hablar de las computadoras).
Probablemente habrían hecho lo mismo compositores como
Chopin o Beethoven, en muchas de sus composiciones para piano.
En otras composiciones, por ejemplo para varios instrumentos,
sí se habrían hecho partituras de todos modos,
pero hay que tener en cuenta que las partituras, además
de funcionar como registro de lo que se compone, tienen una
función muy importante como instrumento musical. Hay
cosas que no se pueden tocar si no se tiene un papel adelante.
Y en esta función de instrumento también son
muy usadas en la música llamada popular. Y las partituras
también tienen otra función, son una herramienta
a veces imprescindible para la composición. Hay cosas
que ningún compositor habría podido concebir
de un saque, sin ir viendo en un papel, paso a paso, lo que
está pasando entre las distintas cosas que a él
o a ella misma se le van ocurriendo. Eso tal vez sea una de
las cosas más importantes que distinguen la música
occidental de otras músicas de otras culturas. Es mucho
más definitorio que la tonalidad, que generalmente
se tomo como rasgo identificatorio de nuestro sistema musical
más allá de que no se use o se finja no usar
en la música llamada contemporánea. Pero bueno,
esa función de la escritura ahora también puede
ser desempeñada por otros elementos, grabadores, secuenciadores,
computadoras.
P: - Antes hablaste de lo que podría o no llamarse
la "función" de la música culta en
la sociedad occidental. ¿Cuál es esa función?
R: - No sé cuál es, pero ha sufrido algunos
cambios importantes en el tránsito del Renacimiento
a la sociedad capitalista. La antigua nobleza tenía
a los compositores a su servicio, y con peor o mejor gusto,
promovía las artes, que realzaban y coloreaban su poderío.
Con el advenimiento de la sociedad burguesa, la actividad
musical se va independizando, pero como decían Marx
y Engels en el Manifiesto Comunista de 1844, ninguna clase
dominante en la historia fue tan bruta o tan cerda como la
de los burgueses. Mientras la burguesía quiso imitar
a la nobleza de los siglos anteriores en la "protección",
el amparo de la producción musical "culta"
del presente y del pasado (esto último justamente por
carecer de criterio propio y verse obligada a tomar prestado
el criterio de los nobles de antes, a quienes quería
sustituir), hubo pocos cambios en la situación funcional
de la música culta, más allá de que algún
músico sin amparo pudiera morirse de hambre. Además,
esto se ve reforzado por la circunstancia de que durante el
siglo XIX la alta burguesía estaba muy mezclada con
lo que quedaba de la nobleza, o lo que quedaba de ésta
seguía en su mecenazgo de músicos. Pero durante
el siglo XX, poco a poco, se va volviendo cada vez más
vacío de contenido y de "vida" el apego de
la aristocracia burguesa por la Música con mayúscula,
y a pesar de que la mayúscula se la puso ella misma,
hoy en día la alta burguesía no escucha más
a la crema de la crema de los músicos cultos, no escucha
más a los Chopin y los Liszt de ahora, sino que reparte
su tiempo entre los Chopin y los Liszt de antes y los Enrique
Iglesias de ahora. Las músicas que se eligen a nivel
de las multinacionales para proyectar e imponer al consumo
masivo no son sólo un mecanismo para ganar plata y
para perpetuar el ejercicio del poder: son también
un reflejo de lo que les gusta a los dueños y de lo
que ellos son.
P: - ¿Pero de cualquier manera los compositores
"cultos", aunque desamparados por el poder, siguieron
constituyendo la vanguardia?
R: - La vanguardia de qué.
P: - No sé, de la música. De la música
occidental.
R: - Mirá, ese vaciamiento del apego burgués
por el arte tiene múltiples consecuencias. Se va generando
una escuela de intérpretes que tocan técnicamente
cada vez mejor, se van superando generación tras generación,
son máquinas cada vez más perfectas, entrenadas
para simular hasta los más ínfimos detalles
de la supuesta "expresión" de las músicas
del pasado (que en realidad suelen ser las que se pusieron
de moda durante el siglo XIX, supongo que bastante avanzado),
pero que son cada vez más incapaces de salirse una
sola nota de lo escrito (no es que salirse de lo escrito estuviera
"prescrito" en esas músicas, pero ¿puede
un intérprete entender una música si no es capaz,
a cada paso, de "elegirla" entre distintas alternativas
que se le pueden presentar, en función del conocimiento
del lenguaje musical y de la experiencia previa?). Todo esto
supongo que es archisabido (aunque mi ignorancia en asuntos
musicológicos me haga decirlo tal vez con muy poco
rigor), pero lo que creo que no se ve mucho es la contracara
que todo este asunto tiene en el ámbito de la composición.
La misma inanición que va ganando a los intérpretes,
va haciendo carne también en los compositores (por
más geniales que sean muchos de ellos y por más
puertas que hayan abierto hacia nuevos tipos de sensibilidad
musical). Porque a la par que durante las primeras décadas
del siglo XX se van desplegando y sucediendo distintas formas
de ruptura con algunos de los elementos constitutivos de la
tradición musical "culta", se va desarrollando
un anquilosamiento "lingüístico" (en
el sentido de lenguaje musical). Porque en cierto modo, en
un principio, el abandono del manejo tonal de las notas de
la escala cromática se da como por cansancio, por saturación,
por estar muchos compositores hastiados de estar dando vueltas
sobre lo mismo y sentirse necesitados de decir otra cosa.
Los intérpretes se regodean con la repetición
infinita del mensaje tonal, pero los compositores que abandonan
la tonalidad es porque la conocen demasiado bien y en vez
de regodearse con ella sienten que ya no les sirve, que necesitan
decir cosas que no están dentro de su repertorio de
posibilidades (muchas de esas cosas ya están en germen
en la música de Beethoven, donde se dan situaciones
sonoras que se articulan más -o igualmente- en función
del timbre y de los niveles de intensidad que en función
de lo melódico y lo armónico). Pero después,
poco a poco, después de las distintas camadas de Debussýes,
de Bártoks, de Prokófieffs, de Schoenbergs,
de Revueltas, van surgiendo nuevas camadas de compositores
que heredan el sentimiento de hastío por los elementos
tonales pero sin tener ellos mismos la experiencia del hastío,
porque no se formaron de la misma manera y no adquirieron
ese dominio que podían tener aquellos otros en el manejo
de las supuestas exacerbaciones tonales de Wagner o Mahler.
Y como en general los compositores cultos que seguían
insistiendo en el manejo de elementos tonales eran malos,
se afirmaba cada vez más en los ámbitos cultos
el rechazo a la tonalidad, pese a que probablemente la mayor
parte de los que tomaban parte en ese rechazo seguía
tarareando íntimamente melodías tonales o modales
o cantando "que los cumplas feliz" y escuchando
por ahí música popular, pero todo eso era como
harina de otro costal. Sin embargo, en el ámbito del
jazz, la tonalidad se seguía desarrollando y evolucionaba
incorporando y asimilando muchos de los recursos que en las
primeras décadas del siglo XX algunos compositores
usaban para salirse de ella (como Debussy, como Bartok). Así,
muchas de las escalas que en músicas más antiguas
funcionaban como modos, pero con la afinación actualizada
y privadas de su sentido original, se iban incorporando a
la música tonal casi con el mismo estatuto jerárquico
que los modos mayor y menor, únicos empleados en la
música clásica. La incorporación al esquema
tonal y a las funciones tonales de todos esos otros modos,
y del blues, y de la escala por tonos, y no sé cuántas
cosas más, fue extendiendo, para bien o para mal, las
posibilidades de la tonalidad a tales extremos que es totalmente
justificada la afirmación del pianista Mark Levine
en cuanto a que desde el punto de vista armónico, en
comparación con lo que se hace en el jazz, la música
clásica europea, hasta en sus más abigarrados
exponentes posrománticos, es música minimalista.
No sé cómo es en Europa o en otros lugares,
pero en nuestro medio, en general, esto no es percibido por
los compositores de música "culta" que siguen
repitiendo ingenuamente que la tonalidad terminó en
Wagner o en Alban Berg, y despachan el asunto irresponsablemente
diciendo que lo que hacen los jazzistas, si bien contiene
elementos tonales, constituye "otro código".
Es cierto que es otro código, pero también es
otro código Debussy con respecto a Rameau, y también
es cierto que así como hay un camino que va desde Haydn
o Beethoven hasta Varèse, Cage o Xenakis en cuanto
al tipo de hechos sonoros que pueden ser objeto de una gramática
musical, hay otro camino, cruzado con ese, que va desde Bach
o desde Frescobaldi o desde no sé quién, hasta
John Coltrane o Bill Evans. También, por supuesto,
hay caminos a Piazzolla, a Cuchi Leguizamón, etc. etc.
Por supuesto que pasaron muchas otras cosas, y muy decisivas,
fuera de esos caminos, pero esto es para contestar a la pregunta:
la contesto preguntándome qué papel de vanguardia,
vanguardia de qué, puede ser un grupo de músicos
que no tiene idea de cómo funciona una gran parte de
la música que sonaba a su alrededor durante gran parte
de su vida. Algunos indicios de esto: la canción "revolucionaria"
que compuso el vanguardista Fredric Rzewski. Otro índice
más cercano: los "Postangos" de Gerardo Gandini.
Gandini es un buen compositor, es un excelente pianista, los
Postangos son un trabajo muy bueno, muy interesante en muchos
aspectos, muy lindo, pero en términos de lenguaje musical,
¿qué pasa ahí adentro? Un ir y venir
desde el caos cromático más abigarrado hasta
el planteamiento tonal más ingenuo, pero sin pasar
por lo que podría llegar a considerarse una etapa intermedia,
la de la mantención de las funciones tonales mediante
elementos que tradicionalmente no las desempeñaban,
pero que son obligados a desempeñarlas. No digo que
Gandini tuviera por qué usar eso ni que usarlo hubiera
significado un mejoramiento de su trabajo, para nada, al contrario,
la mayor parte de lo que se hace con esas cosas actualmente
suele ser bastante descartable; pero es importante señalar
ese bache, yo lo llamaría "el malestar en la música
contemporánea"; es el hecho de que la mayor parte
de los compositores de música contemporánea
no saben nada de armonía, su sentido tonal es infantil,
está subdesarrollado, y su oído está
atrofiado.
P: - Pero el oído, en el sentido tradicional que
tiene la palabra en la expresión "Fulano tiene
oído" ¿no fue sustituido por otro tipo
de oído? ¿No enseñó John Cage
a escuchar otras cosas además de las notas? ¿No
enseñó a escuchar no las notas abstractas significadas
o representadas por las notas concretas que uno toca o pretende
tocar, sino esas mismas notas concretas, esos mismos hechos
sonoros que se están produciendo en un momento dado,
junto con todo el resto de las cosas que suenan alrededor?
R: - Por supuesto, pero yo me estoy refiriendo solamente
a la captación de las relaciones entre las notas de
la escala cromática.
P: - Pero ¿no se produjo también una revolución
perceptiva en ese plano? ¿No se desarrolló un
oído atonal, que superara la antigua percepción,
un oído que captara, identificara y degustara democráticamente
todas las relaciones posibles entre las notas, sin privilegiar
las que tuvieran significado como funciones tonales?
R: - No. No se desarrolló para nada. Yo al principio
creía ingenuamente que sí. Creía que
en una pieza dodecafónica, por ejemplo, el compositor
tenía el mismo tipo de vínculo con las notas
que en una pieza tonal, no en cuanto al sentido de cada nota,
por supuesto, pero sí en cuanto a la cantidad de sentido
de cada nota, si se le puede llamar así, a la medida
de la importancia de que fuera esa nota, y no otra, la que
estuviera puesta en tal o cual lugar (este asunto del lugar
también es muy importante, pero lo paso, ahora). No
digo medida de la importancia en cuanto a la teoría,
en cuanto a cumplir con los requisitos de la teoría,
porque en este sentido, por ejemplo, en una pieza serial,
la altura de cada nota requiere un nivel de determinación
generalmente mayor que en una pieza tonal. Estoy hablando
de la importancia en el sentido de cuánto altera el
resultado musical, en la percepción del compositor,
un cambio de nota. Pero cuidado, no estoy haciendo ningún
tipo de comparación valorativa de los lenguajes musicales
en sí, ni estoy diciendo que el hecho de que un compositor
tuviera por ejemplo menos control melódico del resultado
en una pieza dodecafónica que en una tonal implicara
alguna desventaja musical. Sólo estoy diciendo lo que
yo creía, cómo creía yo que funcionaba
el vínculo del compositor, o del intérprete,
con el sistema de alturas liberado de la tiranía tonal.
Pensaba que era una superación. Algo así como
que los compositores habían logrado construir todo
un sistema de significados melódico-armónicos
en la escala cromática liberada, que podía incluir
las relaciones tonales simplemente como un caso particular,
ya que en el ámbito de la música dodecafónica,
por ejemplo, siempre se dijo que el lenguaje no era incompatible
con lo tonal, y la música de Alban Berg era un buen
ejemplo de eso. Pero de a poco me fui dando cuenta de que
el asunto no funcionaba así, de que la percepción
de todas las relaciones de alturas no era más rica
en la música "liberada" que en la otra. No
hubo superación del oído tonal, sino todo lo
contrario, se fue dando un anquilosamiento. Sólo iba
quedando una especie de percepción general que le servía
a los compositores negativamente, es decir, para rechazar
cosas, por ejemplo "ah, no, esto suena demasiado armónico"
o "esto me quedó como una especie de dominante-tónica,
lo voy a sacar". Por supuesto que no hay nada reprochable
en que se haya dado esto, ninguna técnica, ningún
sistema de trabajo tiene por qué ser descartado, y
sin duda ése dio sus buenos frutos, pero lo que es
innegable es que está basado en la mentira. La mentira
de creerse y de querer hacer creer que se está por
encima de un sistema de significados musicales que en realidad
se domina y se conoce cada vez menos. Muchos compositores
de música contemporánea se enojan con la gente
que sigue desarrollando la armonía tonal, dicen cosas
como que por más terceras que se agreguen a los acordes
todo queda siempre en lo mismo, que no se agrega nada sustancial,
y se pierden de aprender y de escuchar toda la inmensidad
de cosas y de sentidos nuevos que aparecen y no se dan cuenta
de que están exactamente en el mismo tipo de postura
de los que cuando escuchan Ionización de Varèse
se impacientan preguntando cuándo va a terminar la
introducción y va a empezar el tema. Claro, nadie tiene
la obligación ni el deber, ni seguramente el tiempo
ni las ganas de conocer todas las vertientes de la música.
Pero tampoco hay, ni hubo, por qué mentir. No estoy
hablando de ninguna mala fe, ni de actitudes personales, de
gente mentirosa; a lo que me refiero es a una escuela de la
mentira, algo bastante generalizado e inconsciente por parte
de sus agentes. Algo que además se puede comprobar
en el tipo de reacción que generalmente tiene la gente
formada en esa escuela, cuando se enfrenta con un producto
musical contemporáneo que está elaborado en
base a elementos tonales o modales. Si tiene algún
patrón folclórico o algo que permita clasificarlo
en algún rubro consagrado de la música popular,
está perfecto, no hay ningún problema, es otro
código y es muy válido. Si en cambio tiene algún
tipo de elaboración que lo saque de esos rubros, y
si está basado en lo instrumental, no se comprende
para nada y es rechazado en función de esa percepción
tonal vaga y atrofiada de la que hablaba antes. "Eso
no". Pero si pese a estar estructurado de esa forma,
es cantado y el canto no funciona como un instrumento más
sino como algo a lo que todo lo demás acompaña,
entonces es muy apreciado. ¿Por qué? Porque
gracias al canto y eventualmente al texto el escucha "contemporáneo",
que tenía el oído atrofiado, se engancha con
el producto, le concede la posibilidad de aceptar que tiene
algo que decir, accede a él y entonces en vez de oírlo
desde la atrofia lo oye desde un lugar de aprendizaje, todo
eso que no entiende, en vez de ser motivo de ese rechazo global,
empieza a ser motivo de curiosidad y de interés, mirá
esa nota que me parece que no es del acorde cómo queda,
ahí, qué cosa, ¿no? Y esto no podría
pasar, no podría existir ese tipo de sorpresa si fuera
cierto, si hubiera sido auténtica esa revolución
auditiva porque esa misma combinación de notas seguramente
está presente diez mil veces en fragmentos de Berg
o de Schoenberg claro que en otro contexto, pero si sólo
se aprendió a degustar el contexto y no lo que pasa
en el detalle de todas las combinaciones de notas, no se está
por encima de la armonía, sino muy por debajo. Además,
yo sospecho que eso siempre fue un motivo de disconformidad
en el seno mismo del ámbito académico, y que
fue una de las razones que desencadenaron el surgimiento de
las corrientes llamadas minimalistas, por ejemplo, que fueron
como decir "ah, los músicos populares y los jazzeros
pueden tocar acordes y escalas, pueden cantar melodías,
y nosotros no podemos porque ya decretamos que hacer eso era
retrógrado, era reaccionario, pero a ver, busquémosle
la vuelta, ¿cómo podemos hacer para utilizar
ese material tan rico pero prohibido?". Y entonces surgieron
esas estructuras repetitivas tan revolucionarias, que mataban
dos pájaros de un tiro porque se podían diferenciar
claramente de las viejas estructuras después llamadas
discursivas, que estaban prohibidas, y a la vez permitían
regodearse tocando infinitas veces seguidas eso cuyas ganas
de ser tocado habían sido reprimidas durante décadas.
Algo parecido a esto creo que es lo que desencadenó
el éxito inicial de Les Luthiers. Más allá
de la genialidad de su propuesta, creo que lo que vehiculizó
el furor entusiasta que despertaron en el Instituto Di Tella
y todas sus áreas de influencia fue el hecho de que
habían encontrado la vuelta, gracias al humor, para
tocar y componer con elementos que estaban prohibidos. Más
allá de su indiscutible valor, yo creo que Les Luthiers
ganaron sus primeros adeptos gracias al mecanismo del "placer
sin culpa".
P: - Pero, perdón, sobre lo que decías
hace un rato, tal vez no se trata ni se trataba de estar por
encima de la armonía, sino en otro lugar.
R: - Sin duda, pero si vos estás generando situaciones
armónicas cuyo significado no entendés ni controlás,
no estás en otro lugar, o mejor dicho no sabés
dónde estás, podés creer estar en un
lugar y estar en otro. Y también se puede ir cambiando
de lugar sin moverse. Las cosas van cobrando sentidos que
antes no tenían. Es muy distinto escuchar la sonata
para piano de Alban Berg ahora que hace 60 o 70 años,
porque está llena de acordes que en ese momento podían
ser considerados acordes raros y ahora son formas muy comunes
de tocar acordes de dominante. Escuchar esa obra es una experiencia
similar a la de mirar uno de esos dibujos donde mirando de
una manera se ve un paisaje y mirando de otra se ve una cara;
esas cosas. También es muy común que la gente
que nunca escuchó con conocimiento de causa "música
contemporánea" al escuchar alguna obra piense
que es la banda sonora de una película de terror, porque
los que componían música de películas,
sobre todo en los años 60, empezaron a usar elementos
de esa música "desconocida" para representar
"lo desconocido", para crear climas de suspenso,
de no saber lo que va a pasar. Entonces todo eso adquirió
significaciones que a la hora de componer no se pueden desconocer.
Y el problema es que si sos un compositor "contemporáneo"
que no tiene más que una idea vaga y muy general de
lo que pasó en la armonía de la música
popular durante los últimos 50 años, y si igual
trabajás con notas, con instrumentos que toquen notas
de altura determinada, inevitablemente te vas a meter en una
camisa no de once varas, sino de doce, lo que podríamos
llamar una "camisa de Schoenberg".
P: - Pero ¿no pasa siempre, eso, en realidad?
¿No pasa que todo lo que uno compone siempre va a tener
o a cobrar más significados que los que uno quiso poner?
Cualquier obra, después que uno la hizo, es de los
que la escuchan, que le agregan todo lo que antes ellos tenían
en la cabeza.
R: - Por supuesto. Siempre es así. Yo no estoy haciendo
ningún reproche a esa forma de trabajar o de componer.
Sólo estoy haciendo reproches a quien considere que
eso se puede llamar vanguardia, que eso pueda estar de algún
modo "más allá" que otras formas de
expresión musical. Lo que sucedió en este aspecto
con la música es análogo a lo que habría
podido pasar si cuando se inventó la fotografía,
por ejemplo, no se le hubiera puesto un nombre diferente que
a la pintura, sino que se le hubiera llamado pintura contemporánea,
y se hubiera generado una actitud, por parte de los fotógrafos,
de creerse que su "pintura" era la vanguardia y
que los que seguían dibujando o pintando en lugar de
fotografiar estaban atrasados en cuanto a lenguaje pictórico,
es decir, en cuanto a cómo crear imágenes en
una superficie.
P: - Y decime, cuál es el modo de sustraerse a
las significaciones musicales preexistentes de que hablabas,
¿evitarlas? ¿Agregar más elementos a
la lista negra?
R: - Bueno, sí, es una forma. Alguna gente habla de
algo que llaman el "problema de las alturas". Ese
problema yo lo definiría como la pregunta "¿cómo
puedo disponer las alturas para que no me digan que soy tal
cosa, o que soy tal otra, o que suena a esto o a lo otro?".
A mí ese problema me parece que no es musical, es un
problema de guardarropa, qué me pongo para ir a esta
fiesta para que no piensen que soy un groncho, o que soy un
nuevo rico, o que quiero llamar la atención, o que
quiero pasar desapercibido, etc etc. El "problema de
las alturas" solamente se presenta si uno, en vez de
tener la pretensión de decir algo, pretende tener la
garantía de decir algo que nunca haya sido dicho, ir
a la fiesta con un modelo exclusivo, con la seguridad de que
ninguna otra lo va a tener. Es la misión del Enterprise
de Star Trek, Viaje a las estrellas, explorar nuevos mundos,
ir a donde nadie ha llegado antes, como mal traducían
en el doblaje.
P: - De todos modos eso que decías, de componer
negativamente, más bien da la impresión de que
pasaba hace 20 o 30 años, ahora hay como más
tolerancia, en el ámbito de la música contemporánea,
¿no? Inclusive aparecen obras llenas de reminiscencias
tonales que ni siquiera están planteadas sobre estructuras
repetitivas, cosas que hace 30 años no sólo
no hubieran sido aceptadas en ningún concierto ni concurso
de composición, sino que habrían significado
el apedreo del compositor, su defenestración.
R: - Es cierto, pero la tolerancia actual no es producto
de una reconsideración de estos temas, es solamente
una actitud propia de la frivolidad posmoderna, de la despreocupación
y de la irresponsabilidad. Todo es válido, vos hacés
lo tuyo, yo hago lo mío, no tiene sentido comparar
las cosas, afuera los juicios de valor, no hay caminos mejores
o peores, todos son igualmente estériles o igualmente
satisfactorios. Pero cada cual en su casa, en su club.
P: - ¿Qué clubes hay?
R: - No sé, yo conozco algunos pocos, nada más.
Hay un gran club de música joven, por ejemplo, se supone
que si sos joven te tienen que gustar ciertas cosas sin importar
que sean casi exactamente iguales que las de los jóvenes
de hace 30 años. Y está el club de lo contemporáneo,
donde no importa que lo que hagas sea exactamente igual a
lo que hacían otros hace 30 años, porque ahí
fue cuando se decidió cambiarle el sentido a la palabra;
lo contemporáneo dejó de ser lo que se hacía
en ese momento por hacerse en ese momento, y pasó a
ser lo que se hacía en ese momento y punto. Y es increíble
hasta qué punto las palabras y las etiquetas condicionan
la percepción de la gente. En Montevideo hay una agrupación
que se llama Núcleo Música Nueva, y conozco
gente que usa la palabra nuevo para referirse a cosas que
se tocan en los ciclos de la Agrupación, sin prestar
ninguna atención al hecho de que en su concepción
musical, y más allá de que puedan ser músicas
buenísimas, son exactamente iguales a cosas que se
hacían hace 30 o 40 años, o son directamente
cosas compuestas en esa época o antes.
P: - Pero ¿no pueden ser nuevas a pesar de eso?
R: - Sí pueden serlo, pero no creo que la probabilidad
de que lo sean sea mayor que en cualquier otro ámbito
de la música.
P: - Pero cuando se habla de música nueva o contemporánea
en ese tipo de contextos, ¿no es para diferenciarlos
de algún modo de los ciclos sinfónicos o de
cámara oficiales o tradicionales, donde el repertorio
es siempre más antiguo?
R: - Sí, pero eso no libra de la responsabilidad de
hacer algo nuevo si se está anunciando algo nuevo.
En todo caso, estos ciclos podrían cambiar su denominación
de nuevos o de contemporáneos, y llamarse por ejemplo
"música vieja pero no tan vieja como las otras".
De todos modos hay una cantidad de cosas que suelen darse,
al menos en los conciertos de música "contemporánea"
de estas latitudes (no sé cómo es en otras)
que son difíciles de compatibilizar con algunos de
los principios que supuestamente subyacen a sus vertientes
más importantes. Por ejemplo, ¿se puede hablar
del "estreno" de una obra de John Cage, o de una
obra inspirada en su enfoque de la música? Una obra
así no puede tener estreno, porque si se ensaya ya
se estrenó. No estoy diciendo que el inspector de SADAIC
tenga que ir también a los ensayos, a cobrarles a los
músicos, pero sí que el presentarse en público
con la actitud de quien va a abrir una ventana que permita
acceder a una obra abstracta que no está en la sala
sino en un lugar ideal, como sucede con la música clásica,
y después tocar algo que no está en ningún
lugar ideal sino en la realidad concreta de su ejecución
en ese momento y en esa sala, es muy engañoso. La tos
del público en un concierto de música contemporánea
funciona igual que en uno de música clásica,
funciona como una molestia, como un recordatorio de la carne
que dificulta el vuelo del espíritu. Pero supuestamente
no tendría que ser así.
P: - ¿Y cómo tendría que ser? ¿Tendría
que haberse desarrollado una conciencia sonora que incorporara
ese tipo de perturbaciones respiratorias a la semiosis del
discurso musical? ¿O tendría que ser como en
una peña folclórica, o en un boliche de tango,
o en un club de jazz, donde si alguien tose o se ríe
no hay ningún problema, no se siente como una interrupción
o un atentado a la continuidad del rito sagrado, por más
que esos sean también ritos sagrados, pero con otro
tipo de sacralidad? ¿No será que le están
pidiendo a un género que adopte modalidades que son
de otro?
R: - No le pido que adopte modalidades de otro, pero sí
que si anunció que va a revolucionar sus modalidades
tradicionales, que lo haga.
P: - ¿Pero no te parecen suficientes rompimientos
los que ya llevó a cabo? Fijate lo que pasó
con el manejo del tiempo, por ejemplo. En la música
clásica, por más que ciertas danzas tuvieran
ritmos que deformaban de diferentes maneras la regularidad
del compás, todo está basado en el compás,
en la distribución de los acontecimientos sonoros en
ciertas unidades de tiempo articuladas por un sistema de acentuaciones.
En muchas vertientes de la música contemporánea
todo eso fue barrido. Al igual que el sistema de alturas,
el tiempo también se democratizó.
R: - No, para nada. Se mantiene la dictadura encubierta.
Cuando el ritmo o las figuraciones parecen muy zarpados, es
un tipo de zarpe igual al de la libertad rítmica de
los recitativos barrocos, sólo que con otros elementos.
Y cuando hay compás, por más irregulares que
parezcan las cosas que se tocan, se está contando el
mismo tiempo que en la música clásica, sólo
que se lo trata de ocultar, se miente. Es un tiempo unidimensional,
además, que cuando se estira se estira todo junto y
cuando se contrae también se contrae todo junto. En
un tango, por ejemplo, se puede estirar o estrechar algunas
de las líneas melódicas de lo que está
sonando, y aunque una nota caiga un tiempo antes o un tiempo
después, o medio, o dos tiempos, igual el oído
la relaciona y la asocia con acordes que no están sonando
en ese momento, es casi como si hubiera tres flujos temporales,
uno por el que pasa una cosa, uno por el que pasa otra, y
un tercero a través del cual aquellas dos cosas se
pueden percibir como coincidentes. Lo misma pasa en el jazz,
sólo que los flujos temporales se relacionan de otra
manera. Y en la zamba y en la chacarera también, de
repente ahí los tiempos coinciden pero están
estructurados internamente de modos diferentes, están
divididos de diferentes maneras. En la música clásica,
en cambio, cuando se apura una cosa se apuran también
todas las demás, todo siempre tiene que coincidir,
para que coincida. En la música romántica siempre
hay arrebatos y momentos de tranquilizarse, igual que en gran
parte de la música "contemporánea",
pero siempre son los mismos arrebatos y achiques para todos
en todo momento. La máxima libertad que puede haber
ahí es la de tomar un acorde arpegiado, en vez de tomarlo
con todas las notas juntas.
P: - Bueno, pero es parte del código. No podés
pedirle a la música culta que adopte el código
de otros lenguajes.
R: - Creo que sí se le puede pedir, y de hecho muchísima
gente hace eso, no es que adopte el código, pero lo
considera, lo oye, oye lo que pasa a su alrededor y trabaja
con eso, sueña con eso, inventa otras posibilidades
con eso. Sólo que en general no tienen carné
de afiliación al club de la música contemporánea.
A Picasso le podrían haber dicho también hace
90 años "mirá, vos estás usando
códigos que no son de tu área, eso no vale,
tenés que respetar la perspectiva, se tiene que saber
qué es lo que está adelante y qué es
lo que está atrás". Del mismo modo se le
podría haber dicho a Schoenberg que el dodecafonismo
no concordaba con el código de la música culta,
que tenía que haber siempre una tónica clara.
¿Y cómo los Beatles pudieron incorporar a su
música, tan medularmente, elementos de blues? Era otro
código. ¿Qué tenía que ver el
blues con la música popular inglesa? Los códigos
pueden ir cambiando, no se puede usar el mismo argumento para
justificar una revolución en la música que para
prohibir otra. Además, creo que cuando se habla de
"código" y de "lenguaje" en música,
hasta ahora, no se sabe bien qué se quiere decir. Creo
que el manejo de esos términos es muy vago y da lugar
a confusiones y contradicciones debido a cambios inadvertidos
en el significado de las palabras en el curso de las exposiciones.
Y siguiendo con lo que te decía antes, lo mismo que
pasa con el tiempo pasa con otros componentes de la música.
Por ejemplo, los instrumentos musicales surgidos en los últimos
decenios. Hoy en día la mayor parte de los discos y
de los espectáculos musicales que se realizan descansan
en buena medida en parámetros musicales que no son
ni la melodía, ni la armonía, ni el ritmo, ni
el timbre, son parámetros que tienen que ver con el
procesamiento electrónico de lo que hacen las voces
y los instrumentos, la distorsión, la posibilidad de
que distintos instrumentos que están físicamente
juntos suenen como si estuvieran situados en espacios de diferentes
tamaños y con diferentes propiedades acústicas,
hay una lista muy larga de nuevos instrumentos que en general
donde menos se usan es en el ámbito de la música
"contemporánea", el ámbito donde supuestamente
más se revolucionó la percepción del
sonido y la expresión sonora. No digo que no se usen,
ojo, digo que es donde su uso está menos generalizado.
Los compositores e intérpretes de la música
supuestamente más "avanzada" son en general
los que usan los instrumentos del modo más tradicional,
aunque disfracen su concepción del sonido o de la música
poniendo a los viejos instrumentos a hacer cosas para las
que no habían sido pensados, cosa muy apreciable por
cierto, y que dio magníficos frutos musicales, pero
que por desgracia, en la mayoría de los casos, ofrece
un "repertorio" de posibilidades muy escaso.
P: - Sí, pero no sé si en la música
popular, por ejemplo, el uso de todos esos nuevos instrumentos
realmente está en la base, en el meoyo de la expresión
o del lenguaje. ¿No es más bien un aderezo,
un artificio, una fioritura? No en vano se les llama "efectos".
R: - Los rótulos son muy engañosos, ya te dije.
Creo que en algunos casos sí funcionan esas cosas como
efectos, y en otros no, pero eso requiere estudios y análisis
serios que no sé si alguien en algún lado está
haciendo. Y en la música culta también el análisis
está en pañales. Mucha gente confunde lo que
un tipo dice que hizo, o la descripción del procedimiento
que usó para hacerlo, con lo que realmente hizo, en
términos de lenguaje musical. Esta confusión
surge de que en la música clásica, en general,
las dos cosas coinciden, debido a que casi todos los elementos
formales de que se compone coinciden con unidades de significación,
ya que son la cristalización de procesos de muchos
siglos, durante los cuales las cosas que fueron consagrándose
por el uso iban cobrando al mismo tiempo significados utilizados
y comprendidos más o menos de la misma manera por todos
los involucrados. Pero si vos analizás una obra musical
por ejemplo en función de la correspondencia entre
ciertas concepciones gráficas o geométricas
por una parte y las alturas de los sonidos y el tiempo, por
otra, tal vez no estés haciendo ningún análisis
musical, estás jugando a otra cosa que no tiene nada
que ver con la música, pero no con la música
clásica, con ninguna música, tiene que ver,
es lo mismo que si uno decide por ejemplo escribir un cuento
donde todos los renglones empiecen y terminen con la misma
letra. Después, cuando se publica, el formato del libro
no coincide con el de las páginas del manuscrito, y
ese elemento no es percibido por nadie, y tal vez tampoco
sería percibido aunque los formatos coincidieran. El
análisis literario del cuento va a ser el análisis
de lo que las palabras del cuento dicen, más allá
del interés que pueda tener enterarse de cómo
trabajó el autor.
P: - Pero lo que se llamaba poesía concreta ¿no
hacía cosas de ese tipo? ¿No integraba ese tipo
de elementos visuales a la significación?
R: - Sí, pero la diferencia está en que ahí
lo que el autor escribe y lo que el lector lee es lo mismo.
En la música, el oyente no escucha lo que el autor
escribe, sino cómo suena lo que escribe. Entonces para
validar un análisis musical basado en el análisis
geométrico de lo que un compositor dibujó, o
en la historia de los pasos que siguió para dibujar
eso, tenés que demostrar primero que los elementos
gráficamente significativos se traducen uno a uno en
elementos sonoros también significativos. Y eso puede
no ser para nada así. Puede ser que se traduzcan en
elementos sonoros, sí, claro, pero ¿quién
garantiza que son ésos los que articulan o determinan
el "sentido" de la obra? El sentido de la obra,
en el sentido de las cosas que resultan relevantes para los
oyentes, como para que ellos la vayan siguiendo, la vayan
sintiendo, la vayan aprehendiendo, puede estar dado por otras
cosas que no estén contempladas en ese tipo de análisis.
Una situación imaginaria: si se analizara una obra
de Beethoven o de Schubert confeccionando una lista de números
formados por el producto de las veces que en cada compás
apareciera un mi bemol por el número del tiempo en
que en ese compás apareciera el primer mi bemol (poniendo
tiempo número cero si no hubiera ningún mi bemol)
dividido por la cantidad de tiempos del compás, probablemente
alguien podría pensar que al análisis le falta
algo; que puede haber elementos estructurales bastante importantes
que no fueron tomados en cuenta. Sin embargo, es dable imaginar
una escuela de música donde se entrenara a los alumnos
en este tipo de análisis, y donde la mayoría
saliera con la impresión de que sabe captar lo medular
de cualquier obra musical. Ciertas listas de números
que presentaran algunos tipos de regularidades podrían
ocupar sitiales de privilegio sobre las otras, y gozarían
del favor de muchos alumnos de la escuela, algunos de los
cuales se esforzarían en componer música en
concordancia con ellas (esto podría llamarse "armonía"),
mientras otros, dedicados a la crítica musical después
de su egreso, hicieran comentarios elogiosos cuando detectaran
(siempre que tuvieran acceso a las partituras de las obras,
claro) listas de números de las buenas. Y no hay garantías
de que muchos análisis de la música llamada
"contemporánea" no sean de este tipo. El
cuentito de un compositor sobre cómo estructuró
su obra no representa esa garantía; nadie tiene por
qué saber en qué lenguaje o de qué manera
logra comunicar. En el lenguaje hablado nos pasa a todos,
podemos saber hablar y no saber nada de gramática,
no saber cómo decimos lo que decimos, ni saber cómo
es que lo que decimos consigue decir. Es muy ingenuo creer
que con la música es más fácil, yo creo
que al contrario, es todavía más difícil.
Y redondeo esto con una anécdota. Una vez me presenté
a un concurso de composición, y después que
fui bochado, un día, hablando con un compositor que
había sido miembro del jurado, le pregunté por
mi obra y al identificarla me dijo que le había parecido
muy mala. Después, al escuchar otra música mía,
me dijo que tal vez si hubiera visto la partitura de esa música
sin oírla, también le habría parecido
muy mala o no la habría entendido, aunque oyéndola
tenía otra impresión. Creo que ahora en muchos
concursos se pide lo que se llama "maquetas midi"
de las obras, pero hubo varias décadas durante las
que los concursos de composición musical no eran de
música sino de dibujo, habida cuenta de que los "maestros",
a partir de cierta época (creo que más o menos
a partir de los años 1950-60) dejaron de "saber
música" en el sentido en que "sabían
música" los de antes.
P: ¿Y quiénes "saben música"
en la actualidad?
R: Creo que hay dos grandes "academias", dos grandes
medios "cultos" o medios donde se concentra el "saber
musical" (o pretende hacerlo, claro, ya que muchas expresiones
musicales quedan fuera de ese "saber") . Uno es
el tradicional, que está esquizofrénicamente
dividido en dos, con el saber "clásico" por
un lado (pero confinado a la imitación) y el "contemporáneo"
por otro (pero que como "saber" sólo adopta
una apariencia de sistematicidad que justifique los grados,
los sueldos, los títulos universitarios, etc (en los
países donde eso sigue existiendo, claro), ya que intrínsecamente
ese saber no es "orgánico" como el de la
música llamada clásica. Y el otro gran ámbito
académico, en coincidencia con el ascenso geopolítico
de los Estados Unidos durante el siglo XX, es el que se fue
cristalizando a partir de la teorización del jazz.
Este "saber" sí está sistematizado
y organizado, y ahí para aprender ciertas cosas es
indispensable haber aprendido primero otras. Esto no le da
ninguna ventaja sobre el de la música "contemporánea",
claro; pero es un "saber" de verdad. El otro es
de mentira. Y fuera (o dentro, o independientemente) de estas
academias está la gente que hace cosas que luego serán
los modelos a estudiar, a imitar, o a execrar por los académicos.
Esto no es muy original, casi todo el mundo lo sabe. Lo que
no saben los músicos "contemporáneos"
y los "clásicos", en general, es que no "saben
música". Y lo que no saben los discípulos
directos o indirectos de Berklee, en general, es que (exactamente
del mismo modo como ocurría en los conservatorios de
hace pocas décadas), las "reglas" que aprenden
no son las reglas de la música, sino de una música.
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